Poder no lineal: McLuhan y Haraway

8 06 2008

PODER NO LINEAL: McLUHAN Y HARAWAY

Jorge Vásquez A.

 

 

Scott Lash presenta la problemática del poder dentro de la cultura tecnológica en la cual somos parte integrante a través de unas formas tecnológicas de vida que condicionan a quienes integramos un nuevo orden caracterizado por unas nuevas estructuras de la información.

Remontándose a los principios teóricos de Marshall McLuhan para luego confrontarlos con los aportes de Donna Haraway presenta la necesidad de una crítica de la información en la era de la no-linealidad.

La revisión de la teoría de McLuhan pasa por la consideración de “los medios como extensiones del hombre”, lo cuales a su vez se convierten en tecnologías. Para Marx las tecnologías que se encontraban en juego eran los medios de producción pero, a decir de McLuhan son los medios de comunicación las tecnologías que deben entrar en debate dado que éstos son los artífices de la cultura a distancia basada en los movimientos de símbolos y que ha desplazado a la estructura de la sociedad industrial y sus formas. La cultura tecnológica atestigua la caída de la cultura representacional desde que, con Garfinkel, se concibe al conocimiento no como algo interno al sujeto sino como algo ligado a sus acciones, acontecimientos y expresiones (es decir a las formas de vida) y que por lo tanto es pensamiento comunicativo. La “externalización” del conocimiento se produce cuando el sujeto carga de una intencionalidad aquello que conoce y se realiza a través de medios. Es por eso que “el medio es el mensaje” porque el hombre a través de los medios (o tecnologías) externaliza lo que está contenido en sus sentidos. Los medios son extensiones que resultan de la fusión entre sujeto y objeto.

Es por medio del uso de la tecnología que el hombre puede comprender como usuario de símbolos y logra comunicarse (homo communicans) poniendo de manifiesto el sensorio humano. Desde esta visión la metáfora de la “aldea global” no sería únicamente una “aldea tribal a gran escala” sino que sería “un gran abrazo” (porque se conectan todas nuestras extensiones). Esta “conexión” tradicionalmente (en la cultura oral) fue discontinua pero luego gracias al alfabeto y a la adopción del modelo de transporte como modelo de comunicación se desarrolló una continuidad o linealidad (basada en la relación causa-efecto o sujeto-objeto) que fue el modelo cultural de la conformación de la modernidad. Al pensamiento lineal se opone la figura del “mosaico”, que es forma con la que McLuhan identifica a la cultura oral pero que también representa a la cultura electrónica debido a que consigue representar la simultaneidad en lugar de la secuencia de la cultura impresa.

Los medios mosaicos son producidos por la informacionalización de la sociedad que lleva a que nuestros aprendizajes se hagan no por operaciones como la clasificación o discriminación conceptual sino por el reconocimiento de patrones que prioriza la “dimensión mágica” de las comunidades electrónicas (caracterizadas por su desterritorialidad, discontinuidad y poco interés político).

Las comunidad electrónicas de la discontinuidad, utilizan los medios como una instrumento para el autoreconocimiento en ellos por lo cual podemos decir que la persona es comprendida como comunicante.

Si las personas son comunicantes y los medios son extensiones del cuerpo estamos hablando una expansión tan grande que puede conllevar una implosión social (de los medios) cuyo resultado sería, siguiendo a Baudrillard la neutralización del significado y la imposibilidad de la política dado que las masas no serían producto de los social sino de los medios. En los medios “lo social” pierde su significado porque lo que hay es únicamente una simulación mediática y el poder desaparece. Sin embargo, Scott Lash considera que existe un poder no-lineal y que encuentra su manifestación en la compresión que se haga de la “tecnociencia” y del “régimen de tecnobiopoder”.

Donna Haraway plantea la “desautonomización” de la ciencia ya que ésta no sólo se refiere a la semiótica (representaciones) sino que ahora la ciencia es integración semiótico-material (sería llamada tecnociencia) que se evalúa por la semiótica del discurso y por la factibilidad material en bruto.

Esta nueva forma de entender a la ciencia deriva en una nueva forma de poder y conocimiento en la que los sistemas orgánicos se entienden desde los modelos de los sistemas tecnológicos, en los que el conocimiento ya estaría vinculado con el poder; es decir, una episteme no separada de lo material, a lo que Haraway llamaría una “pos-epistemología”.

Siguiendo esta forma de comprender el conocimiento y el poder como algo fusionado el problema no estaría en la hegemonía de las estructuras del discurso sino en las estructuras de información que dan origen a un capitalismo informacional cuyo “patrimonio” se encuentra principalmente en la propiedad intelectual (marca registrada, patente y copyright) que incluso podría llevar a patentar las formas de vida que se originan por la producción semiótica y material de la información.

El capitalismo informacional valora los prototipos que luego son empresarizados y no los medios de producción como en la visión de Marx, porque los productos señalados con copyright pueden generar utilidades por sí mismos y no por el trabajo invertido en ellos. Sin embargo, el problema fundamental es la patentación (inscripción de un trabajo intelectual en calidad de bien) de la vida porque es un problema que no atañe únicamente las utilidades sino a los significados, a la naturaleza, lo cultural, lo material y semiótico.

Las redes, como plataformas del nuevo orden informacional (o semiótico-material) pueden llegar a ser redes patentadas globalizadas que ponen en una situación muy compleja no únicamente a las formas sociológicas de vida sino a las formas biológicas por lo que se hace necesaria una crítica de la información.


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