Perspectiva humana en la modernidad líquida

30 06 2008

Acerca de los cambios en la perspectiva humana en la reflexión de Zygmunt Bauman

 

Jorge Daniel Vásquez

 

La sociedad moderna líquida, como la denomina Zygmunt Bauman, es aquella en la que las condiciones de actuación de los individuos cambian antes de que esas formas de actuar se consoliden en unos hábitos o rutinas determinadas. Está marcada por una actitud ante la vida de carácter transitorio y fractal basada en la incertidumbre provocada por la rapidez con la que se operan los cambios en el mundo actual.

En la sociedad moderna líquida aparece una perspectiva de lo humano que no apunta hacia ningún proyecto futuro o utópico sino que busca la forma de adecuarse mejor a las necesidades del presente, incluso desligándose de las experiencias del pasado. El interés por el conocimiento está subordinado a la necesidad de no dejarse alcanzar por la “caducidad” de las ideas o modas intelectuales. Siguiendo esta línea, va a ser difícil que en la modernidad líquida se pueda cultivar una opción por los compromisos a largo plazo o las reflexiones sobre la opción fundamental de la vida, porque las opciones serán siempre momentáneas. El “interés emancipatorio” de las ciencias se disuelve ante el imperioso interés de llevar una vida dedicada a la contemplación, al disfrute, al placer.

Son varias las transformaciones que la modernidad líquida conlleva y que a su vez implica una forma diferente de entender lo humano que, sin ser expresamente una propuesta de un nuevo ideal de ser-humano, simplemente facilita una descripción sobre las condiciones en las que la humanidad se debate actualmente. Por lo tanto, todas las características que se puedan atribuir a la sociedad moderna líquida no constituyen una nueva propuesta de sociedad (pues si tuviera un proyecto “sólido” perdería su carácter de “líquido”) sino una descripción de una serie de transformaciones que se pueden constatar en la forma como los seres humanos ordenan su vida.

Entre los múltiples aspectos que se podrían describir al referirnos a la sociedad moderna líquida para tratar los cambios generados por esta nueva perspectiva humana es fundamental la comprensión de la vida como “una sucesión de nuevos comienzos”. Podríamos decir, con cierto ironismo, que el algún momento “librarse” de las cosas (o personas) se convirtió en algo más importante que adquirirlas. Para que estos nuevos comienzos sean posibles es importante aprender a “clausurar” y no cómo aprender a “empezar”. En este aspecto las relaciones de pareja son los episodios más difíciles de cerrar y a la vez aquellos en los que más empeño se deposita; no obstante, para la sociedad moderna “las relaciones” son el único juego que vale la pena jugar. Podríamos decir vale la pena jugar a que se ama. En palabras de Bauman, es un “amor líquido”. De la forma cómo históricamente hemos aprendido a amar la coyuntura actual nos propone aprender a “desamar”. Esta posibilidad de encuentro/desencuentro, compromiso/descompromiso revela lo débil de los vínculos humanos no sólo en las relaciones de pareja sino en las relaciones que se dan en el ámbito de las relaciones con cualquier otro. Influenciados por los modelos de los reality shows se forma la concepción de que la vida es una competencia en la que únicamente el más fuerte sobrevive siempre y cuando aprenda a desconfiar permanentemente de los demás. Todos los sujetos son dignos de desconfianza hasta que demuestren extraordinariamente lo contrario. Esto crea un estado de sociabilidad que conduce a un estado de infravaloración de lo humano porque otorga el carácter de “descartable” a algunos seres humanos que no participan adecuadamente del juego duro de la vida. Incluso, con miras a procurar el amor a uno mismo la compasión puede ser un acto suicida, con lo cual estaríamos volviendo a la verdad del mundo darwiniano.

Ante este contexto las relaciones entre los seres humanos tienden a ser, como dice Anthony Giddens, “relaciones puras”. Las “relaciones puras” se diferencian de las “relaciones de condición natural” porque las primeras constan de la conciencia de su carácter efímero y frágil que impide el arraigo de la confianza. Contrario al carácter de flexibilidad que podían tener las relaciones duraderas, en la modernidad líquida la flexibilidad no es posible porque es una característica de algo que tendría ciertos rasgos de solidez (de ser algo “sólido).

La comunidad es el espacio para sobretodo para el cultivo de la voluntad política y que en la modernidad líquida se convierte en el espacio privilegiado para la búsqueda de la seguridad en un mundo hostil. Las personas se preocupan e incluso actúan ante las dificultades más concretas sobre las cuáles se puede actuar aunque son concientes de que las condiciones en las que vivimos localmente están determinadas por poderes que operan globalmente. En la modernidad líquida la única forma de buscar salida a las contradicciones globales es a través de la búsqueda de soluciones locales que preferentemente sean estructuradas a través de metas a corto plazo.

Ante estas posturas de la modernidad líquida se hace indispensable suponer un tipo de moralidad que no encuentra otro fundamento que la incertidumbre de no saber si la elección es correcta o incorrecta. No hay un criterio que defina lo bueno y la malo más que la posibilidad de “acertar” o “errar” en el proceso de elección.


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2 respuestas

30 06 2008
Gabriel Helguero

Esta “modernidad líquida” es una realidad en la que están sumidos los jóvenes de nuestra sociedad. Los medios, entiéndase como medios todo el bagaje de información recibido a través de canales no naturales como la familia o la misma escuela, dejaron de ser efecto para ser causa del detrimento de lo bien llamado “solido” dentro del accionar del joven humano. La “prueba y error” a los que el joven se somete desencadenan en la inestabilidad, propia de la edad, pero magnificada por la avalancha de íconos de los que se desea fervientemente ser reflejo. Iconos que bien o mal han nacido de la misma “liquidez” a la que nos estamos refiriendo. Se cae entonces en un círculo vicioso aparentemente sin final desde donde el ser humano no podrá salir hasta que logre reinventarse dentro de un marco que le de la suficiente capacidad para ser libre. Esta libertad, acuso yo, es la traducción de la “solidez” bien citada en el artículo…

1 07 2008
djcomunicacion

La idea pensaría es CONJUGAR el AMAR lo HUMANO… Ser FIEL frente a la VIDA… y sobretodo CONSTRUIR la DIGNIDAD DEL HOMBRE.. Dejar “viejas metáforas” y estar abiertos a “nuevas realidades” sin olvidar que el SER HUMANO es la RAZÓN MAYOR DEL AMAR AMANDO…

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