Jorge Daniel Vásquez
El alma y el cuerpo son una sola
y misma cosa. Pero nadie, hasta ahora,
ha determinado lo que puede el cuerpo.
B. Spinoza
Las formas de narrar o de construir los relatos acerca de los jóvenes han construido un discurso que ha pretendido ser ilustrativo en medida que conlleva una determinada comprensión de estos sujetos desde el significado impuesto por un saber autolegitimado. Sin embargo los tiempos actuales demandan una nueva forma de producir el discurso sobre los jóvenes que, sobre todo, no desconozca a estos sujetos como co-autores del relato. En este sentido estamos hablando no de una producción estática sino de la creación de textos asignificantes que tengan como principal interés descubrir cuál es la función que el texto tiene para el lector que acude a leer, combinando de tal modo la manera cómo se produce la reflexión acerca de los jóvenes con el agenciamiento maquínico que suscitan.
Los estereotipos que se han construido en torno a la figura de los jóvenes son provenientes de una estructura arbórea que pretende descubrir en la raíces de la psicología evolutiva una explicación para los “desordenes” que los jóvenes manifiestan en sus formas de vida. A su vez, tanto la visión biologicista y psicológica han contribuido a la configuración del sujeto adulto como el punto de llegada de un proceso que se da ordenadamente desde la niñez. Se supone que el niño contiene al adulto como la raíz al árbol (o que el niño deviene adulto como uno deviene dos). Incluso el psicoanálisis en su forma más primigenia supone que en la forma de vida del niño se encuentra contenida la potencia cuyo acto ideal es la persona adulta. Es decir que muchos de los estereotipos o imágenes legitimadas de los jóvenes encuentran sus raíces discursivas en una psicología evolutiva y sus raíces científicas en el supuesto metafísico del niño como raíz del adulto.
Una muestra de esta estructura es concebir la juventud como una “etapa de tránsito” entre la niñez y la adultez, lo cual impide ver en los jóvenes una manifestación del nuevo orden social en el que nos encontramos. Desde la concepción de la juventud como etapa transitoria se hace imposible cualquier valoración de sus expresiones y narraciones y se mantiene un discurso disciplinario que invisibiliza la memoria social que se configura en los escenarios juveniles como una forma de saber empírico.
Esta forma de saber empírico que se puede encontrar en las formas de vida de los jóvenes exige que la nueva reflexión que podamos hacer en relación a la juventud, no se realice desde un discurso formalizado que se supone portador de un significado a descubrir, sino un discurso que a la hora de componer y leer los textos sobre jóvenes nos permita usar estrategias que sean diferentes unas de otras (como viajan los flujos al interior y exterior de los órganos vitales); es decir, pensar a los jóvenes como un cuerpo maquínico que en sus relatos ponga en circulación una escritura que cuestione las miradas establecidas desde el poder.
Deleuze propone el libro como una máquina abstracta que se inventa en las prácticas sociales de tal forma que cada lector es co-autor porque el libro no termina en la lectura personalizada sino que se expande en un “afuera” que, en el caso de los libros tradicionales sobre jóvenes ha sido controlado para evitar la desestabilización del orden social establecido. Vemos aquí entonces la necesidad de construir una máquina teórica que no sólo refleje las distintas realidades del mundo juvenil sino que provoque un agenciamiento situado en un horizonte de transformación que permita el desarrollo y crecimiento de las múltiples conexiones que se puede encontrar entre el mundo juvenil y una sociedad emergente. Sin hacer uso de un discurso ideológico en la máquina teórica sobre jóvenes se debe reconocer ese “deseo social” que permite hacer de la teoría un motor de las nuevas formas de organización.
A diferencia de los discursos adultocéntricos que han hecho de los jóvenes “el futuro de la patria”, “el camino hacia la madurez” o “los sujetos en preparación para la vida”, la nueva máquina teórica acerca de la juventud encierra una reflexión sobre la sociabilidad (la sociedad organizándose, estructurándose) pero sobre todo debe estar en conexión con el deseo de la juventud. Cualquier máquina que se relacione con los jóvenes (teórica, semántica, tecnológica) debe estar conectada con el deseo; en este sentido son máquinas moleculares (no molares: institucionalizadas) que permiten que los sujetos jóvenes sean agenciamientos sociales que desarrollen diferentes formas de organización.
Estas nuevas formas de organización entre los jóvenes constituyen verdaderos “cuerpos sin órganos” (organización aorganizada) que cuestionan el orden establecido y que se desenvuelven en la constante tensión de ser capturados por la máquina teórica tradicional mediante la deslegitimación de sus expresiones bajo los poderes que gestionan los bienes simbólicos.
El tratamiento mediático que reciben los jóvenes en las distintos Medios de Comunicación puede ser entendido como la aplicación del poder a través de las máquinas del estado (no entendidas como organismos que pertenecen jurídicamente al Estado sino que simbólicamente contribuyen a mantener el sistema imperante y) que se enfrentan a las máquinas de guerra que desde la acción de sujetos emergentes pueden devenir en una sociedad (organización aorganizada) que persigue su transformación.
En su mayoría, los Medios de Comunicación, en lo que respecta a los jóvenes manejan un discurso unívoco que representa las agrupaciones juveniles como sujetos de desconfianza y como una potencial amenaza para la sociedad. Son codificados a partir de una narración que los envuelve de un misterioso aire de peligrosidad. No existe un interés por aproximarse a nuevos saberes sino el propósito de articular una versión canonizada del “afuera”. Dicho de otro modo, los Medios de Comunicación proponen “la vía acertada” para interpretar a los jóvenes pero agregando al discurso tradicional el factor del miedo. La sociabilidad entonces va a ser difícil porque el miedo constituye una actitud apriorística a la hora de establecer conexiones con los sectores juveniles. No puede ser visto como actor de la emancipación aquel que, no sólo es un peligro para los poderosos sino que es un peligro para todos, incluso para ellos mismos. Por lo tanto, los Medios de Comunicación hacen de espacio privilegiado para hacer de las máquinas de guerra unas máquinas de estado, lo que es igual a hacer de las máquinas deseantes, máquinas molares. Lo cual no quiere decir de ningún modo que lo deseado es el perfecto antónimo de lo instituido, sino que lo instituido, como manipulación y masificación del deseo, pierde la dimensión utópica que, cuando hablamos de jóvenes, se les achaca como uno más de sus males posmodernos.
Es por esto tal vez que no tenemos duda de que las prácticas juveniles constituyen un rizoma. En el sentido de Deleuze y Guattari, los rizomas son, entre otras cosas, diversidades ramificadas que dan cuenta de una multiplicidad y que, a imagen de los rizomas en botánica, pueden ser entendidos como una serie de raíces y raicillas que nacen de un tallo subterráneo. Pues esto son, de alguna forma, las prácticas juveniles cuando encontramos en ellas las expresiones de una sociabilidad que, a la vez que se expande aumenta sus conexiones a través de la convergencia de varias raíces en puntos que logran mantener el flujo de la información y las relaciones. Las tribus urbanas son ejemplos claros de los “cuerpos sin órganos” que de alguna forma se mantienen organizados aunque no cuenten con un fin específico más que el de hacer visible la heterogeneidad que las identifica. Además, no podemos hablar de ninguna tribu urbana que no cuente con algún grupo que se haya separado para dar paso a un nuevo rizoma que, de alguna forma continúa conectado.
Las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) han facilitado enormemente la expansión de los rizomas y de cierta forma el cuestionamiento a la estructura arbórea que se produce a través de los Medios de Comunicación que no facilitan la interacción. Creemos que las NTIC han contribuido a cuestionar el agenciamiento de la máquina teórica tradicional sobre jóvenes, especialmente porque es el sector juvenil el que ha realizado una apropiación más intensa de las NTIC, tal vez porque sus formas de vida obligan a la evolución de la tecnología y porque a su vez, las nuevas tecnologías influyen en sus transformaciones culturales.
Dos son los soportes que, a nuestro parecer las NTIC han contribuido a hacer de las prácticas juveniles una manifestación de lo rizomático: las tecnologías de comunicación interpersonal y las tecnologías que permiten diversas formas de hacer broadcasting por medios propios. La primera porque ha permitido que el espacio deje de convertirse en la condición indispensable para las relaciones con lo cual los jóvenes han logrado mantener las conexiones a pesar de la fronteras físicas; y, el segundo porque han hecho posible la visibilidad de lo juvenil como un fenómeno interclasista y marca cultural de la globalización. Sin embargo, no podemos obviar la tensión evidente que se produce cuando la idolatría del consumo logra someter estas máquinas de guerra logrando hacer que en no pocas ocasiones las NTIC refuercen los estereotipos de la máquina teórica tradicional, razón por la cual necesitamos una máquina teórica novedosa que dé cuenta de esta situación.
hola Sr. Jorge Vásquez he leido su argumento sobre la maquina teorica para hablar de jovenes y llegue a muchas conclusiones, del cual expongo a continuancion:
La maquina en si es la propuesta de los adultos que hacen a los jovenes a que se incluyan en el interes politico, economico, social, ecologico,etc.
No se debe hacer o creer que la juventud es una etapa empirica, sino mas bien que en la niñez y en inicios de la adolescencia se le debe enseñar cosas vitales para su crecimiento y proporcionar material necesario para exclarecer sus dudas e inquietudes; de esta forma cuando ya sea joven las cosas que se le presenten no sean nuevos y novedosos, haciendo al joven de esta manera que no se convierta en un ser empirico. Pero el problema radica en que omita las cosas que haya aprendido, ademas todos sabemos que no todos tenemos acceso a informarnos y capacitarnos adecuadamente como por ejemplo los pobres.
Comparto las ideas que propones como por ejemplo que por parte del joven debe mostrar interes y el deseo para realizar las cosas.
De antemano agradezco por su comprension antencion y el tiempo que ha invertido en leer este pequeño parrafo.
Atte. Milton Javier QUizhpi.
Hola Milton. Agradezco tu comentario. Ojalá encuentres en estas reflexiones un insumo para inicar un diálogo que permita cultivar la reflexión crítica sobre nuestro contexto y en especial sobre el papel que juegan los jóvenes en la creación de una nueva sociedad.