Jorge Vásquez A.
Lo menos frecuente en este mundo es vivir.
La mayoría de la gente existe, eso es todo.
Oscar Wilde
La reflexión sobre las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC) nos remite a ese campo de batalla en el cual se disputa el sentido de lo que somos. Ese campo de batalla es la cultura y es revelante preguntarnos por las tranformaciones que se han dado lugar en ella con el desarrollo de las NTIC o, mejor aún por las circunstancias culturales que han impulsado la aparición de nuevas tecnologías.
Ese debate sobre “cuál es” el factor determinante para este nuevo escenario social pretende encontrar la causa de la nuevas formas de experimentar la vida. El problema es que el interés por la causa (tanto si las tecnologías provocan los cambios culturales como si la cultura presta las condiciones para el desarrollo de la tecnología) corresponde todavía a una inquietud circunscrita a una racionalidad lineal y no una fenomenología que permita la comprensión del advenimiento de una cultura tecnológica.
Hopenhayn se aparta del concepto de determinación para referirse a la relación entre las tecnologías y la cultura, porque, a su parecer “la red nos cambia la vida, pero también confirma la dirección que la vida ya tenía asumida, por lo que se da una “imbricación” o “superposición”, dado que ambas se condicionan mutuamente. Sin embargo, este planteamiento de Hopenhayn se hace desde una concepción en la que las NTIC han radicalizado el proyecto lineal de la modernidad hasta el punto de hibridar la cultura con la tecnología. Esta radicalización de la modernidad es lo que se podría llamar posmodernidad y cuyo signo más claro serían las culturas virtuales.
Aunque las características que Hopenhayn otorga a las culturas virtuales, tales como obsolescencia, sensación de irrealidad, la ilusión sobre la no necesidad del cuerpo, la velocidad de nuestras interacciones y decisiones que nos conducen al vacío podrían agruparse dentro de las características fundamentales que Scott Lash atribuye a las formas de vida tecnológicas: aplanamiento (en el que pensar, hacer y comunicar están fusionados con las cosas), no-linealidad (compresión – formas abreviadas de comunicación que luego se articulan como un mosaico que reúne distintos fragmentos, aceleración – efimeridad de los discursos, expansión – ligaciones sociotécnicas que constituyen una forma de red) y el desarraigo que Lash describe como un sostenerse “en el aire” que se refiere a la delocalidad de los espacios y la pérdida de la identidad al estilo de los “no-lugares” de Marc Augé.
Desde su visión crítica Scott Lash plantea que estas nuevas formas de vida tecnológica constituyen una cultura tecnológica que sólo puede ser comprendida desde una fenomenología de la comunicación, es decir desde una reflexión que nos replantee la forma de comprender la relación entre el ser y las cosas, o el sujeto y el objeto pero de una forma tal que enmarque la intencionalidad por el sentido de la vida que tiene la comunicación. Esta fenomenología de la comunicación (o fenomenología tecnológica) sigue los principios de la etnometodología de Garfinkel que apunta a un sujeto con actitud reflexiva se interesa en el “qué” y en el “cómo” de las cosas porque ambas conforman el conocimiento. Esta forma de acceder al conocimiento de los fenómenos está basada en la experiencia del agente cognitivo que, en palabras de Scott Lash, se “encarna” en las actividades y expresiones caracterizando así una cultura tecnológica diferente de la cultura representacional (o lineal) en la que el agente realiza una reflexión por encima de los hechos.
La tesis de Scott Lash nos parece que apunta hacia la necesidad de plantear una crítica a lo que se denomina como cultura tecnológica desde adentro de ella (actitud reflexiva) a diferencia de Martin Hopenhayn que provoca una crítica aún desde la actitud científica (sujeto que observa al objeto).
A modo de ejemplo podríamos referirnos a los blogs (al estilo de hi5, joom, u orkut) en los que las personas configuran una imagen de sí mismos por medio de la información que “suben” en la Internet a disposición de cualquier interesado. Estas páginas son formas de existencia en una “cultura a distancia” en la que la interfaz puede constituir tanto la relación con los demás como la relación con uno mismo. Podríamos hablar de ellas a modo de un hipertexto personal que nos coloca a los sujetos como el objeto sobre el cual una inteligencia colectiva (Lévy) se enfoca debido a los comentarios o imágenes que los visitantes agregan a estos blogs personales.
El análisis de las páginas de hi5 serviría de ejemplo para poder analizar las “prácticas de sí” en el ciberespacio, la nuevas formas de construcción de comunidad (deslocalizadas y sostenidas en el aire), el declive de la cultura libresca a merced de la compresión y discontinuidad que encajaría dentro de los características que tanto Hopenhayn como Lash dan al actual coyuntura pos o tardo moderna. No obstante, al establecer un diálogo común (sin intereses investigativos) sobre el hi5 la elaboración del discurso de quienes han experimentado el hecho de “estar en el hi5″ revela una empiria que puede colocarse por encima de la razón.
El estudio de los comentarios que cualquiera de los usuarios de hi5 puede hacer constituye ya un análisis que reconoce en esa elaboración discursiva sobre los modos de usar, una forma de conocer. Para Lash (siguiendo los principios de Garfinkel) el sujeto o agente cognitivo debe saber que los alcances de esa “experiencia de vida” que es el hi5 también lo coloca dentro del objeto observado y a partir de esa experiencia fenomenológica debe convertirse en un testigo capaz de establecer una crítica acerca de las NTIC, más aún cuando el desarrollo social está en juego.
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