El panóptico contemporáneo

17 07 2009

Jorge Daniel Vásquez

 

El panóptico es una metáfora ineludible en el análisis contemporáneo acerca del poder y la vigilancia y esto se debe a que la reflexión original de Michel de Foucault acerca del “panoptismo” ha marcado significativamente la forma de ver y comprender las relaciones sociales. El panóptico es, originalmente un diseño arquitectónico del filósofo Jeremy Bentham realizado con el fin último de mejorar la sociedad mediante la aplicación de un sistema de vigilancia que provoque en los presos un estado de obediencia sin necesidad de coerción y que mediante la interiorización de las reglas llevara al consenso[1]. Sin embargo, como Foucault demostrara en su obra Vigilar y castigar es precisamente en la “amenaza coercitiva” y en la interiorización del sistema de poder en donde se basa la supuesta obediencia de los presos: “La eficacia del poder, su fuerza coercitiva, han pasado, en cierto modo, al otro lado –a  la superficie de su aplicación. El que está sometido a un campo de visibilidad, y que lo sabe, reproduce por su cuenta las coacciones de poder; las hace jugar inconcientemente sobre sí mismo; inscribe en sí mismo la relación de poder en la cual juega simultáneamente los dos poderes; se convierte en el principio de su propio sometimiento.”[2]. Por lo tanto, el panóptico, desde que Foucault lo analizara dejó de ser únicamente el diseño de una cárcel para pasar a convertirse en la figura representante de una combinación entre la tecnología política y el poder ejercido mediante la vigilancia.

Esta vigilancia sería para todos pero ejercida en relación al privilegio de unos pocos a través de la adopción del modelo del panoptismo en las diferentes instituciones públicas combinando los dos niveles de este fenómeno: la vigilancia real y introyección de la vigilancia que realiza el sujeto observado.

            Con el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información el fenómeno de la vigilancia ha experimentado transformaciones en diferentes sentidos. Reg Whitaker, autor de El fin de la privacidad haciendo un relectura del análisis de Foucault y de la transportación de este modelo a la fábrica a inicios del siglo XX por el teórico Frederick Winslow Taylor, encuentra que el punto común entre el modelo panóptico de Bentham  y el panóptico contemporáneo está en que una mayor capacidad de vigilancia requiere de una mayor concentración de conocimiento útil.

            Las nuevas tecnologías garantizan la adquisición de este “conocimiento útil” en distintos escenarios, superando limitaciones de tiempo y espacio e incluso teniendo una mayor distribución geográfica de los sujetos vigilados, con lo cual provocan una nuevo panóptico, el “panóptico descentralizado”.

            Siguiendo la línea de Whitaker, en este nuevo escenario el “poder panóptico” es el sustento clave de lo que él denomina el “Estado panóptico”; un Estado en el cual,  el control es mucho más difícil que en una cárcel pero que a su vez, se desarrolla en una sociedad cada vez más transparente a la mirada vigilante de quienes regentan el poder. Con el propósito de mantener el poder, el Estado (tanto como las empresas) busca cada vez en mayor medida las formas más óptimas de acumular información debido a la capacidad de predicción que ésta encierra[3].

Sin embargo, las tendencias panópticas de la sociedad actual crecen con tal rapidez y de tal forma que podemos llegar a dudar si las transformaciones en la vía de regentar el poder se deben al desarrollo de las nuevas tecnologías o es justamente, una sociedad más difícil de controlar la que motiva el progreso tecnológico.

En cualquiera de los dos casos estamos hablando de un panóptico contemporáneo que es asombrosamente distinto al panóptico de Benthan y de un panoptismo distinto al de Foucault. Podríamos decir con Whitaker que: “Se trata de un panóptico consumista basado en ventajas y beneficios efectivos cuya peor sanción es la exclusión”[4]; es decir que, el panóptico contemporáneo es un sistema de vigilancia que pretende controlar la forma en cómo conducimos nuestra vida cotidiana y con ella, la forma en cómo participamos de una visibilidad gestionada por un entramado de proyectos que engloban a una multitud de individuos. El miedo en este panóptico no está en ser vigilado, sino en estar excluido de la participación de un nuevo orden.

Las nuevas tecnologías que hacen “visibles” a los individuos provocan una visibilidad en una variedad de direcciones que buscan cosas distintas. Existen prácticas de vigilancia que al tornar visibles situaciones de injusticia o violencia pueden devenir en un cambio y lo mismo podríamos decir de los sistemas de seguridad. Sin embargo, uno de los principales puntos al que Whitaker pretende llegar es a la presentación de un “panóptico consumista”. Según Whitaker, en el panóptico consumista se presenta claramente “el propio sometimiento” de los sujetos en relación al poder vigilante, se mantendría la postura de quien vigila sin ser observado debido al ocultamiento de los dueños de los grandes medios de producción actuales y, hasta se lograría ese consenso voluntario en torno a la aceptación de las reglas y normas a cambio de la serie de ventajas y beneficios que el panóptico consumista oferta. Finalmente, el juego de la seducción consigue disciplinar a los consumidores gracias a que dispone de información suficiente o “conocimiento útil” acerca de sus gustos y preferencias.

Los cambios sociales también son incluidos en el panóptico consumista gracias a la multidireccionalidad de la vigilancia que descubre que: “el capitalismo no se ocupa de encabezar cambios sociales; pero tal ausencia también contribuye a que su mirada panóptica sea muy pronta en detectar indicios de los cambios sociales que realmente ocurren; su propósito consiste en recogerlos y darles forma en tanto que demandas sociales del consumidor, que pueden ser acogidas por el sistema”[5]; lo cual de algún modo implica también la legitimación de estos cambios.

Otro punto principal del panoptismo de Whitaker es su condición de reversibilidad debido a que el desarrollo de la cibertecnología puede dirigir la vigilancia hacia los sujetos que en el panóptico de Benthan eran los “inspectores”. Principalmente en el terreno de lo político la posibilidad de “vigilar desde abajo” ha destruido las paredes del panóptico en su esquema originario y los inspectores pueden ser inspeccionados. Es decir, “la transparencia monodireccional de la ciudad de cristal es sustituida por una transparencia bidireccional”[6]. En su teoría Los media y la modernidad, Jhon B. Thompson al referirse a la “transformación de la visibilidad” destaca que “…gracias a los media, son fundamentalmente aquellos que ejercen el poder, en vez de aquellos sobre los que se ejerce el poder, quienes quedan sujetos a cierto tipo de visibilidad”[7]. Esta nueva visibilidad implica entre otros aspectos no sólo el derribamiento de los muros del panóptico sino el derrumbe de la sacralidad del poder; puesto que, si el gobernante se mantenía por encima de los gobernados, pudiéndolos ver si ser visto, gozaba de cierta categoría divina de omnipresencia. Los media (y podríamos decir las nuevas tecnologías) aproximan “a los poderosos” al común de la gente, por lo que su figura resulta más vulnerable a nuestra crítica y apreciación.

El fenómeno del panoptismo, tanto en su origen como en su evolución parece mantener una característica inmutable que es la demostración de que el control ejercido sobre la información da lugar a un auténtico poder. Reconociendo no sólo la presencia del poder en la actualidad, sino su conveniencia para la construcción de un nuevo orden social, es indispensable tomar en cuenta cómo los campos en los que se debate este tema son constantemente reestructurados.

 


[1] La estructura del panóptico de Benthan consistía básicamente un edificio circular con  las paredes alienadas con las celdas, cada una separada de la otra y con una torre de observación en el centro; de tal modo que, un inspector conseguía vigilar a todos los presos en sus celdas sin que éstos pudieran ver al inspector.

[2] Michel Foucault, Vigilar y Castigar, Buenos Aires, Siglo veintiuno Editores Argentina, 2002, pág 206

[3] Reg Whitaker, El fin de la privacidad, Barcelona, Ediciones Paidós, 1999, págs 58-60

[4] Ibíd. 172

[5] Ibíd. 181

[6] Ibíd. 214

[7] Jhon B. Thompson, Los media y la modernidad, una teoría de los medios de comunicación, Barcelona, Ediciones Paidós, 1998, pág 180


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