Jorge Daniel Vásquez
Donde se están acabando los valores no es entre los jóvenes,
ellos están haciendo visible lo que desde hace tiempo
se ha venido pudriendo en la familia, en la escuela, en la política.
De tal manera que identificar a la juventud con la ausencia de valores
es otro gesto más de hipocresía de esta sociedad.
Jesús Martín Barbero[1]
Son múltiples las miradas que se han hecho acerca de las diferentes prácticas juveniles o formas de ser jóvenes. Desde el esquema de reconocer en los grupos de jóvenes en los cuales se construye identidad y sentido. Encontramos desde aquellas que basadas en varias características llega a denominarlos como “tribus urbanas” a la vez que se los enmarca como parte de un fenómeno contemporáneo en el cual los lazos emocionales son los que tejen la comunidad, hasta las miradas más plurales que buscan reconocer en las nuevas formas de agregación que los jóvenes construyen diferentes maneras de nombrar las identidades, construir narrativas, hacer producciones simbólicas, generar encuentros inter-subjetivos, renovar prácticas políticas (o una “politicidad” juvenil), re-significar las utopías entre otras más.
Desde el aporte de algunas reflexiones desde los estudios culturales acerca de los jóvenes[2] ha sido ampliamente criticada la mirada “adultocéntrica” desde la cual el joven era considerado como un sujeto en transición, en permanente estado de irealización e inmadurez, con lo cual quedaba plenamente deslegitimado en los escenarios de construcción de la sociedad. La postergación de la realización del sujeto juvenil desde el discurso de que “son el futuro de Patria” desencadena la condición de excluido de la historia. Es decir, sujetos que no pueden constituirse como “sujetos históricos” puesto que en el marco del proyecto civilizatorio (epistemológico) la historia ha estado protagonizada por el sujeto que no sólo es varón-blanco-burgués-occidental-heterosexual sino que además de eso es adulto.
Por lo tanto, queremos decir que el proyecto occidental que está basado en la razón (y más allá en la racionalidad científico-técnica) ha operado de acuerdo a la generación de un centro de poder que ha mirado a los jóvenes como el “otro” o como el bárbaro en la medida que ha atribuido a los jóvenes unos determinados rasgos esenciales que lo desplazan hacia la periferia. Leer el resto de esta entrada »
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